La Garduña, temida sociedad secreta

La Garduña sociedad secreta del crimen organizado

La Garduña es una sociedad secreta española de delincuentes, con sus ritos de iniciación, sus códigos secretos y claves para reconocerse entre ellos. En su caso es una de las organizaciones criminales de más duración y proyección internacional de la historia.Y eso no es todo, aún con todo lo dicho, la Garduña ha sido capaz de no dejar apenas rastro de su existencia.

Su carencia de indicios hace pensar que la Garduña puede haber sido una leyenda urbana de la época y que se ha mantenido apoyada en literatura de ficción y en personas interesadas a lo largo de la historia en su existencia. O que pudo limitarse a un brote local o a una sociedad secreta con una influencia mucho menor de lo que se ha creído hasta ahora.

La Garduña, sociedad secreta de criminales

La Garduña es una sociedad secreta que podría considerarse como el germen del crimen organizado. Su historia tiene 400 años dado que sus orígenes se remontan supuestamente a mediados del S. XV y es en el XIX cuando se documenta el último caso judicial contra la Garduña. Esta sociedad secreta criminal nace en Toledo, según los primeros documentos sobre su presencia, aunque éstos se basan en una mera mención a su existencia.

En principio, supuestamente apoyada por la inquisición, sólo asaltaba las casas de judíos y moros, pero después se organizó para montar todo un entramado del crimen. La Garduña creció rápidamente y se extendió entre las colonias españolas. Según algunos investigadores, llegó a la que en el S. XVI era una próspera colonia española, Nápoles, dando así origen a la camorra.

Organización de la Garduña

La organización interna de la Garduña, como en toda sociedad secreta, es piramidal con posibilidades de ascender en ella a través de méritos y pruebas iniciáticas. Esta pirámide tenía cinco niveles, de abajo hacia arriba:

  • La base de la Garduña la constituían los “soplone” o “fuelles” que informaban de dónde y cuándo y sobre a quién había que delinquir. También formaban parte de esta base “las sirenas”, las que seducían a las víctimas para sonsacarles dónde escondían sus bienes o cualquier información que interesara a la Garduña.
  • El segundo nivel de la pirámide de la Garduña la componían los“acompañantes”. Compuestos por “los floreadores”, ladronzuelos que robaban en el despiste, “los punteadores”, asesinos que daban muerte a sus víctimas para robarles, y “los guapos”, expertos espadachines que la Garduña usaba en los duelos.
  • El tercer nivel de la Garduña estaba contituido por “los postulantes”,encargados de pagar “la protección” de los negocios.
  • El cuarto nivel de la Garduña lo constituían “los capataces”, “maestros o ancianos”. Eran los jefes de cada provincia, encargados de organizar los crímenes y del orden interno de la sociedad secreta. La Garduña contaba supuestamentre entre los “capataces” con jueces, altos cargos y alta burguesía corrupta.
  • En la cúpula de la Garduña encontramos al “hermano mayor”, que se supone un alto miembro de la burguesía, quien tenía el control sobre la Garduña, tanto en España como en sus colonias.

Fin de la Garduña

La Garduña encuentra su final, después de 400 años de pervivencia como sociedad secreta delictiva, sin apenas dejar huellas documentales de su existencia. Pero la vanagloria de sus últimos “hermanos mayores” causó el desmantelamiento y fin de la Garduña. Estos empezaron a dejar por escrito sus actuacciones en el llamado “Libro Mayor”. Este libro fue encontrado en 1821 en casa del último “hermano mayor” de esta sociedad secreta.

El documento fue encontrado tras el arresto de Francisco Cortina, acusado de asesinato por Manuel de Cuendías, oficial de cazadores, quien también lo detuvo, causando la detención de su lugarteniente. Todo terminó con el juicio y ejecución de 15 miembros superiores de la Garduña en Sevilla el 25 de noviembre de 1822.

La Garduña, realidad o ficción

Hay una controversia reciente con respecto a la existencia real de la Garduña, basada en el hecho de que una sociedad secreta con una historia tan amplia y conflictiva no haya dejado apenas rastro de su existencia. Y las pocas huellas documentales sobre la Garduña nos llegan a través de relatos de novelas, como el clásico “El Buscón”, que la menciona como una sociedad secreta local, no de ámbito internacional.

La mayor fuente de información sobre la Garduña es la novela “Misterios de la inquisición española y otras sociedades secretas de España” (1844) de Madame de Suberwick, bajo el seudónimo de Victor de Féréal. Algunos investigadores refieren documentos en el archivo de Toledo pero no hay una alusión a documentos concretos sobre la Garduña. De ahí que el historiador Hipólito Sanchiz y el investigador León Arsenal ponen en duda la existencia de esta sociedad secreta.

Por otro lado, el arresto y detención del último caso de la Garduña erauna mítica sociedad secreta en Andalucia, a la par que temida. Así que no es de estrañar que hubiera quien quisiera aprovechar eso para usarlo a su favor y hacerse respetar entre la delicuencia local y organizarla para sus fines delictivos.

Fordlandia : El delirio de un empresario adelantado a su tiempo

Foto: Henry Ford, de pie, junto a uno de sus primeros modelos en 1902. (Wikipedia)

Henry Ford es de los pocos ciudadanos del mundo que no necesita presentación. Norteamericano patrimonio de la humanidad y creador de la discutible doctrina del consumismo como vía de obtención de “la paz por el trabajo”, compartía con el no menos famoso Winslow Taylor (padre del Taylorismo) y autor de Principios de dirección científica, Management (1891),posiblemente uno de los mayores expertos en administración de empresas de la primera mitad del siglo XX, la búsqueda a ultranza de la eficiencia en la producción.

Ford asombró a propios y extraños hacia 1914 ofreciendo un salario a sus trabajadores de 5 dólares al día, que en aquel tiempo suponía más del doble de lo que se pagaba a la mayoría de los empleados en el sector. Esta táctica invitaría de manera multitudinaria a los mejores mecánicos del área de Michigan y del resto del país que desertarían en masa hacia la empresa Ford, aportando su capital humano y experiencia e incrementando la productividad a la par que reduciendo los costos de formación. Ford llamaría a este “levantamiento” de mano de obra cualificada a sus competidores, «motivación salarial».

Pero este genio de la optimización de la producción en cadena, filántropo sincero y sin maquillaje, guardián del equilibrio entre la productividad y un comprometido humanismo paternalista hacia los trabajadores, tuvo allá por losaños veinte del siglo pasado un desvarío cercano al delirio que más parecía unharakiri o pájara en toda regla que una apuesta calculada y ponderada. Era su dinero, eran sus sueños.

Una mañana se levantó inspirado, y como quien quiere corregir una molesta torticolis con una contra postura yóguica, le dio un arrebato y se quedó mirando hipnotizado haciaBrasil. Nevaba en Detroit de lo lindo y el gélido frio local de la época cristalizaba las palabras de los viandantes, lo que acentuaría la contractura de este paladín de las nuevas tecnologías aplicadas a la construcción en serie del automóvil.

Había tenido un sueño. Su objetivo era construir la plantación de caucho más grande del mundo para eliminar la onerosa dependencia que tenía EEUU de los holandeses y británicos, líderes del sector, y de la perversa adicción que tenían los automóviles de llevar esta estratégica materia prima en las ruedas. A la singular intuición empresarial de este adelantado emprendedor, se le escapaba por el ángulo de la tronera, la visión periférica tan necesaria para afrontar una panorámica que rozara la excelencia.

El quijotesco intento de recrear una réplica de un pueblo de Estados Unidos en el corazón de la Amazonía, avanzaba a pasos agigantados

Había abordado un reto de altura sin reparar en las incuestionables habilidades del adversario para afrontar una resistencia a ultranza y además jugando en casa. La Amazonia, era como un coloso sin pies de barro. Pero la obstinación del norteamericano no tenía límites. La letal mirada de la jungla en compás de espera y la cohorte de seres incatalogables que habitaban sus entrañas, aguardaban el primer asalto.

Problemas económicos

Henry Ford en 1919. (Wikipedia)
Henry Ford en 1919. (Wikipedia)

Corría el año 1927 y poco después de anunciar el Modelo A, Ford adquirió 2,5 millones de hectáreas de exuberante bosque tropical en medio del Amazonas. Dos millones de dólares de inversión primera (dos mil millones de los de hoy) y un nueve por ciento de comisión sobre las ventas para el gobierno brasileño, harían el resto. Tras varios años la cifra inicial aumentaría a la escalofriante de doscientos millones de monto total invertido; para aquel entonces, un descosido da tamaño natural.

Ansioso por socavar los altos precios de caucho procedentes de las plantaciones asiáticas, Ford se aventuró por su cuenta. La demanda de caucho estaba en su punto más alto en los EEUU y los norteamericanos estaban intentando quebrar el mercado con los modelos de automóviles más novedosos. General Motors, Chrysler y Ford estaban enzarzadas en una lucha a muerte pugnando por el mercado doméstico, y en el horizonte, de puntillas, asomaba en toda su extensión la amenaza fantasma del crack del 29.

Soñaba con una plantación de 1.000.000 árboles de goma y una estimación de mano de obra de 50.000 trabajadores mitad locales, mitad importados

Pero volviendo a Brasil, el quijotesco intento de recrear una réplica de un pueblo de Estados Unidos en el corazón de la Amazonía, avanzaba a pasos agigantados y las autoridades locales ya habían expedido profusamente licencias de toda índole. Los sobres para agilizar los permisos de edificación, licencias de actividad industrial y doblegar reticencias e imprevistos, funcionaban a pleno rendimiento adquiriendo formas aerodinámicas por la celeridad e impulso que daban a los renuentes funcionarios que se dejaban querer.

Ford sabía que uno de los componente clave de su éxito pasaría por mantener a los trabajadores contentos. Hizo casas para ellos con las tejas típicas de las construcciones de Cape Cod y equipadas con todas las características para evitar depresiones e incomodidades que les pudieran disuadir de salir corriendo en dirección opuesta. Soñaba con una plantación de 1.000.000 árboles de goma y una estimación de mano de obra de 50.000 trabajadores mitad locales, mitad importados. Pero la utopía no duraría. Los trabajadores foráneos, los de los Estados Unidos, no podían soportar el calor, la pegajosa humedad, los inmisericordes mosquitos tamaño king size, arañas descomunales bajo las almohadas, y el aislamiento de vivir en el medio de la selva, a pesar de la amable arquitectura familiar.

Estado de Fordlandia en una imagen tomada en el año 2005. (Corbis)
Estado de Fordlandia en una imagen tomada en el año 2005. (Corbis)

El micro mundo de Fordlandia

Los primeros años de la colonia estuvieron plagados de basuras a la intemperie, peleas multitudinarias motivadas por elementos de amalgama como el calor, el alcohol y las peleas por conseguir los favores de las féminas. La violencia y eldesenfreno se iban asentando con la connivencia de las autoridades locales y la consiguiente desesperación de los rubicundos yanquis. Greg Grandin, el autor deFordlandia: Auge y caída de Henry Ford (Picador), hace un diagnostico irrefutable sobre esta quijotesca aventura empresarial.

Henry Ford, el hombre más rico del mundo, compró una extensión de tierra dos veces el tamaño de Delaware en medio del silencio más vital que ser humano haya hollado. Más allá de la perentoria obtención de la goma, el proyecto se desarrolló rápidamente en un ambicioso intento por exportar a la propia Norteamérica el preciado material elaborado. Junto a los campos de golf, tiendas de helados, quioscos de música, agua corriente, hospital, alcantarillado y la pulcra disposición de los servicios públicos periféricos, la última generación del Modelo T, ya estaba rodando por sus anchas calles.

El gran engaño de Ford estribaba en que creía que la Amazonia podría ser domesticada por las amorales fuerzas del capitalismo 

Fordlandia fue el nombre del asentamiento y rápidamente se convirtió en el paradigma de un choque épico. Por un lado estaba el magnate del automóvil, uno de los diez hombres más ricos del mundo, el hombre que redujo la producción industrial a un juego de Lego; por el otro, la Amazonia, exuberante, enigmática y avasalladora, el sistema ecológico más complejo del planeta. La colosal lucha de Ford para imponer el reloj del tiempo, pronto se derrumbaría habida cuenta de que los trabajadores indígenas, rechazando el puritanismo importado del medio oeste, convirtieron el lugar en el despropósito que todo latino interpreta como vida muelle. Alegres casas de pecado, bares en los que redimir las infracciones cometidas, timbas callejeras o a resguardo, turnos que no se respetaban en la factoría, intoxicaciones etílicas paranormales, en fin, un catálogo del alma humana en plena efervescencia.

Pero no solo era eso, la batalla antológica se daba en otro frente. Los límites de la selva eran inexpugnables. Esta se resistía con todo lo que tenía a su alcance. Si un día se le arañaban dos hectáreas, al día siguiente la silenciosa jungla daba cuenta de otros dos, fagocitando calles, farolas, plazas, etc. Los restos del ingeniero Jimmy Wallace, que a la altura del mes de mayo llevaba desaparecido dos días, fueron encontrados en la oronda tripa de una pitón cuando los cocineros buscaban carne para hacerle un guiso al personal. En fin, el desiderátum, el non plus ultra, rien va plus. Tela, que diríamos aquí.

La parábola radicaba en que el arrogante intento de un hombre de someter con su voluntad el mundo natural, se daba de bruces con la colosal inmensidad de un espacio invencible. El gran engaño de Ford estribaba en que creía que la Amazonia podría ser domesticada por las amorales fuerzas del capitalismo sin reparar en que una vez liberadas estas, actuarían como caballos desbocados y fuera de control.

Imagen de una de las naves de Fordlandia en noviembre de 2005. (Corbis)
Imagen de una de las naves de Fordlandia en noviembre de 2005. (Corbis)

La magia del hombre blanco en la selva

The Washington Post y el New York Times hablaban sin pudor de “la magia del hombre blanco en la selva” y de “la herramienta definitiva para doblegar el monopolio británico del caucho”. Pero la utopía no duraría, a pesar de las enormes comodidades diseñadas ad hoc.

Para abundar en la mala suerte del proyecto, siete plagas bíblicas casi consecutivas acabaron con la incipiente expresión de vida de los prometedores arbolitos de goma que en medio de aquel desatino, querían elevarse sobre la estulticia humana y conseguir acercarse al sentido último de su destino.
En 1933, Ford golpeó de nuevo. Tras el fracaso de la factoría de Santarem, lo intentó a 80 millas de distancia de la base original y en un lugar llamado Belterra. Cinco escuelas, un modesto hospital y un diseño habilitado para una población de 7.000 personas, sería su nueva apuesta. Un micro mundo con sastres, panaderías, campo de golf, piscinas, etc, actuarían a modo de plan B tras el humillante fracaso de Fordlandia.

Fordlandia nunca produciría nada, y Belterra no dio más que 750 toneladas de látex, muy lejos de las 38.000 toneladas previstas que Ford estimaba como cifra idónea para atender su demanda de producción anual de neumáticos. La inmensa mayoría de las estructuras de la construcción de Belterra y Fordlandia permanecen mudas abrazadas por la selva como testimonio de la soberbia sometida. Railes y estaciones de ferrocarril, puesto de policía y cuartel del destacamento militar, hospital, galpones, casinos, etc, están hoy habitados por inquietantes sonidos incatalogables. A lo mejor, es cierto que el hombre es el único ser vivo que no se entera de que no vive en armonía con su tierra madre, Gaia.

En 1945, Ford se retiraría de Brasil tras 17 años de un esfuerzo ímprobo y un tesón digno del mejor empresario que fue, de su época. Doscientos millones de dólares perdidos fue el resultado de esta aventura equinoccial en el mismo rango de Fitzcarraldo o El Dorado. De hecho, el propio Ford nunca visitó Fordlandia, ni siquiera Brasil. Cada vez que le hablaban del tema, se arreaba media docena de aspirinas hermanadas con whisky irlandés, mientras un expresivo rictus de desengaño se instalaba en su prominente frente.

La inmensa mayoría de las estructuras de Fordlandia permanecen mudas abrazadas por la selva como testimonio de la soberbia sometida

De los múltiples Ford que habitaron el mismo cuerpo, hay uno muy destacable y digno de encomio, tal que es el que menciona H. G. Wells en su novela de ciencia ficción The Shape of Things to Come (“La forma de las cosas que vendrán”), en el que dedica un capítulo entero a la faceta del Ford pacifista que hace denodados esfuerzos por parar la guerra. Dice textualmente que «pese a que no tuvo éxito, su esfuerzo de parar la guerra será recordado mientras que los generales y sus batallas y las masacres sin sentido serán olvidadas». Wells acusaba a la industria armamentista estadounidense y a los bancos —que hicieron grandes beneficios con la venta de municiones a las naciones europeas en guerra— de haber creado un escenario de sutiles difamaciones en torno a su figura, con la finalidad de provocar el fracaso de Ford en sus esfuerzos de paz.

Henry Ford, luces y sombras de un adelantado. Al fin y a la postre, lo que importa es que lo intentó. Era un empresario de raza.

MIENTRAS SUS FAMILIAS ERAN ENCARCELADAS, EL REGIMIENTO DE JAPONESES DE LOS EEUU ERA EL MÁS CONDECORADO

Tras el ataque de la Marina Imperial Japonesa a la Flota del Pacífico de la Armada de los Estados Unidos en Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, y la posterior declaración de guerra de EEUU contra Japón, el gobierno de Franklin D. Rooseveltdecretó el traslado e internamiento de los japoneses residentes en los EEUU – incluso de segunda y tercera generación, nisei ysansei respectivamente, con la ciudadanía estadounidense – en campos de reasentamiento (hablando en plata, campos de concentración). La sospecha de que el ataque a Pearl Harbor había recibido la ayuda de japoneses residentes en Hawai y el miedo a que los ciudadanos de origen japonés actuasen como quinta columna, justificó la creación de estos campos. En 1942, laWar Relocation Authority, el organismo responsable de la detención y el traslado, había construido diez campos en siete estados y transferido a ellos más de 100.000 personas.

Como en Hawai los ciudadanos de origen japonés suponían más de un tercio de la población total, la medida de internamiento no tuvo la misma rigurosidad que en el continente. Paralelamente a la ley de internamiento, el Departamento de Guerra emitió una orden para que se licenciase a todos los soldados de ascendencia japonesa del servicio activo. Sólo unos cientos quedaron en la Guardia Nacional de Hawai. Este pequeño grupo fue trasladado a un campamento de Wisconsin y allí tuvo que superar cientos de pruebas, demostrar su valía y jurar morir por los EEUU. El 1 de febrero de 1943, y tras justificar su lealtad a la patria, el gobierno americano revocó la orden y permitió a los ciudadanos estadounidenses de origen nipón, los de segunda y tercera generación, formar parte de las Fuerzas Armadas. Levantado el veto, se presentaron muchos voluntarios, sobre todo de Hawai, y se creó el 442º Regimiento de Combate compuesto casi en su totalidad por soldados de origen japonés. Durante toda la guerra, y adscritos al 442º, 14.000 soldados de origen japonés lucharon contra los alemanes en Italia, Francia y Alemania.

Ironías de la vida, este Regimiento ha sido el más galardonado con distinciones al mérito y al valor en toda la historia de los EEUU… un total de 18.143. De entre ellas 21 Medallas de Honor (la máxima condecoración militar de los EEUU). En 1988, el presidente Ronald Reagan firmaba la Ley de Libertades Civiles por la que se concedieron indemnizaciones a los ciudadanos americanos de origen japonés que habían sido internados durante la Segunda Guerra Mundial. La ley garantizaba a cada internado superviviente una indemnización de 20.000 y, además, se reconoció que el internamiento se basó en “los prejuicios raciales, la histeria bélica y la falta de liderazgo político“.

Fuentes: 442nd Regimental Combat Team, Medal of Honor Recipients,

EL DÍA QUE LA GUARDIA CIVIL INVADIÓ ANDORRA

Andorra, el pequeño país pirenaico cuya jefatura del estado comparten el presidente de la República Francesa y el obispo de la Seo de Urgell -y que últimamente está tan en boca de todos por asuntos demasiados terrenales y humanos-, sólo ha sido invadido una vez a lo largo de su historia. Esa invasión se produjo el 21 de julio de 1934. Los invasores fueron cuatro Guardias Civiles al mando de un sargento. En total cinco hombres. Esto fue lo que ocurrió:

La historia se desarrolla en los primeros años 30 del siglo XX, cuando un curioso personaje se deja ver frecuentando el American Yacht Club de Mallorca. Se llamaba Borís Mijáilovich Skósyrev Mavrusov y había nacido en Vilna en 1896. Perteneciente a una familia de la pequeña nobleza bielorrusa, había sido soldado en los ejércitos del zar. Al estallar la Revolución de 1917 se exilia al Reino Unido, donde al parecer se enrola en la Armada británica. También habría prestado servicios como espía en el Foreign Office. Este es el currículum de un maestro del engaño, así que haremos bien en ponerlo en cuarentena. Seguro que ya les está recordando a alguien. El caso es que en 1925 se traslada a los Países Bajos, donde según él mismo se le concede por la reina el título de Conde de Orange. Allí se casa con María Luisa Parat, a la que pronto abandona por una millonaria norteamericana llamada Florence Marmon. A principios de los años 30 está en Mallorca y en 1934 entra por vez primera en Andorra.

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Precisamente un año antes se había producido en Andorra una pequeña revuelta a favor de la total independencia del país de Francia y España. Y ahí es dónde Boris vio la oportunidad. En su primer intento presentó al Síndico andorrano una propuesta para ser nombrado rey. Al no recibir la respuesta deseada se exilia en la Seo de Urgell, desde donde comienza una campaña política para atraerse las simpatías de Juan de Orleans, el duque de Guisa y pretendiente del trono francés. Incluso se permite redactar una nueva constitución para Andorra. Al final, consigue su objetivo y el día 7 de julio de 1934 el Síndico General de los Valles de Andorra convoca al Consejo General. Una vez expuestas las pretensiones de Boris, sorprendentemente todos los consejeros votan a favor de nombrarle rey, salvo uno. Dicho y hecho, Boris se instala en Sant Juliá de Lòria con el título de Boris I de Andorra y forma un gobierno en el que está incluso su millonaria amiga norteamericana. Alertado el obispo de Urgell de la trama, y ante la pasividad de Francia que renuncia a intervenir, el 10 de julio en una nueva votación del consejo se refrenda a Boris como monarca, con el mismo resultado de 23 a 1.

Y aquí es cuando sucede lo impensable. A petición del obispo de la Seo de Urgell y por orden de la República Española, 11 días después, el 21 de julio de 1934 la Guardia Civil invade Andorra con los cinco hombres mencionados, violando la inmunidad diplomática y la integridad territorial andorrana. Detienen a Boris I y se lo llevan a Barcelona, donde es puesto a disposición judicial. El 23 de julio es trasladado a Madrid y encerrado en la cárcel Modelo por conducta antisocial (Ley de Vagos y Maleantes) hasta su expulsión a Portugal. Tras cuatro años en el país luso, en 1938 regresó a Francia donde a los pocos meses fue recluido por el régimen de Vichy en un campo de internamiento junto con republicanos españoles en Rieucros. Allí se le pierde su pista.

Caricatura Boris_Guardia Civil

Algunos indican que pudo morir en 1944 a manos de los nazis, mientras medios germanosaseguran que durante la Segunda Guerra Mundial habría servido en en el ejército alemán y que vivió hasta 1989. No sería extraño vista la capacidad de este personaje para sobrevivir. En 1984 el escritor catalán Antoni Morell i Mora escribió una novela basada en su vida, titulada “Boris I, rey de Andorra”, en la que asegura que su madre había conocido al curioso personaje.

Boris con uniforme de la Wehrmacht

Monika Ertl: Ella ajustició al hombre que cortó las manos al Ché

Monika Ertl.

Monika Ertl.

En Hamburgo, Alemania, eran las diez menos veinte de la mañana del 1 de abril de 1971. Una bella y elegante mujer de profundos ojos color de cielo entra en la oficina del cónsul de Bolivia y, espera pacientemente ser atendida.

Mientras hace antesala, mira indiferente los cuadros que adornan la oficina. Roberto Quintanilla, cónsul boliviano, vestido elegantemente de traje oscuro de lana, aparece en la oficina y saluda impactado por la belleza de esa mujer que dice ser la australiana, y quien días antes le había pedido una entrevista.

Por un instante fugaz, ambos se encuentran frente a frente. La venganza aparece encarnada en un rostro femenino muy atractivo. La mujer, de belleza exuberante lo mira fijamente a los ojos y sin mediar palabras extrae un revolver y dispara tres veces. No hubo resistencia, ni forcejeo, ni lucha. Los impactos dieron en el blanco. En su huida, dejó atrás una peluca, su bolso, su Colt Cobra 38 Special, y un trozo de papel donde se leía Victoria o muerte. ELN.

¿Quién era esta audaz mujer y por qué habría asesinado a “Toto” Quintanilla?

En la milicia guevarista había una mujer que se hacia llamar Imilla cuyo significado en lengua quechua y aimara es Niña o joven indígena (ahora considerado un insulto en Bolivia). Su nombre de pila: Mónica (Monika) Ertl. Alemana de nacimiento que había realizado un viaje de once mil kilómetros desde la perdida Bolivia con el único propósito de ajusticiar a un hombre, el personaje más odiado por la izquierda mundial: Roberto Quintanilla Pereira.

Ella, a partir de ese momento, se convirtió en  la mujer más buscada del mundo.Acaparó las portadas de los diarios de toda América. Pero ¿cuáles eran sus razones y cuáles sus orígenes?

Retornemos al 3 de marzo de 1950, fecha en la que Mónica había llegado a Bolivia con Hans Ertl –su padre– a través de lo que sería conocida como la ruta de las ratas, sendero que facilitó la huida de miembros del régimen nazi hacia Sudamérica al finalizar el conflicto armado más grande y sangriento de la historia universal: la II Guerra Mundial.

La historia de Mónica pudo ser narrada con grandes pasajes gracias a la investigación de Jürgen Schreiber. La que yo le presento es apenas un pincelazo de ésta apasionante historia que involucra muchos sentimientos y personajes.

Hans Ertl (Alemania, 1908-Bolivia, 2000) alpinista, innovador de técnicas submarinas, explorador, escritor, inventor y materializador de sueños, agricultor, converso ideológico, cineasta, antropólogo y etnógrafo aficionado. Muy pronto alcanzó notoriedad al retratar a los dirigentes del partido nacionalsocialista cuando filmaba la majestuosidad, la estética corporal y las destrezas atléticas de los participantes en los Juegos Olímpicos de Berlín (1936), bajo la dirección de la cineasta Leni Riefenstahl quien glorificó a los nazis.

Sin embargo, tuvo el infortunio de ser reconocido para la historia (y su posterior desgracia), como el fotógrafo de Adolfo Hitler, aunque el iconógrafo oficial del Führer haya sido Heinrich Hoffman del escuadrón de defensa. Citan algunas fuentes que Hans estaba asignado para documentar las zonas de acción del regimiento del famoso mariscal de campo, apodado el “Zorro del Desierto” Erwin Rommel, en sus travesía por Tobruk, África.

Como dato curioso, Hans no perteneció al partido nazi pero, a pesar de que monika ertlaborrecía la guerra, exhibía con orgullo la chaqueta diseñada por Hugo Boss para el ejército alemán, como símbolo de sus gestas de otrora, y su garbo ario. Detestaba que lo llamaran “nazi”, no tenia nada contra ellos, pero tampoco contra los judíos. Por irónico que parezca fue otra víctima de la Schutzstaffel.

Al término la Segunda Guerra Mundial, cuando el Tercer Reich se derrumbó, los jerarcas, colaboradores y allegados al régimen nazi huyeron de la justicia europea refugiándose en diversos países, entre ellos, los del continente americano con el beneplácito de sus respectivos gobiernos y el apoyo incondicional de Estados Unidos. Se dice que era una persona muy pacífica y no tenía enemigos, así que optó por quedarse en Alemania un tiempo trabajando en asignaciones menores a su status, hasta que emigró con su familia. Primeramente a Chile, en el austral archipiélago de Juan Fernández, “fascinante paraíso perdido”, donde realizó el documental Robinson (1950), antes que otros proyectos.

Después de un largo viaje, Ertl se establece en 1951 en Chiquitania, a 100 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz. Hasta ahí llegó para instalarse en las prósperas y vírgenes tierras cual conquistador del siglo XV, entre la espesa e intrincada vegetación brasileño-boliviana. Una propiedad de 3.000 hectáreas donde construiría con sus propias manos y materia autóctona lo que fue su hogar hasta sus últimos días; “La Dolorida”.

El vagabundo de la montaña, como era conocido por los exploradores y científicos, deambulaba con su pasado a cuestas, por la inmensa naturaleza con la visión ávida de desentrañar y capturar con su lente todo lo percibido de su entorno mágico en Bolivia al tiempo que comenzaba una nueva vida acompañado de su esposa y sus hijas. La mayor se llamaba Mónica, tenía 15 años cuando dio lugar el exilio y, aquí empieza su historia…

Mónica había vivido su niñez en medio de la efervescencia del nazismo de Alemania y cuando emigraron a Bolivia aprendió el arte de su padre lo que le valió para trabajar después con el documentalista boliviano Jorge Ruiz. Hans realizó en Bolivia varios filmes (Paitití y Hito Hito) y trasmitió a Mónica la pasión por la fotografía. Por cierto, fácilmente podemos reclamarla como mujer pionera de las realizadoras de documentales en la historia del séptimo arte.

Mónica se crió en un círculo tan cerrado como racista, en el que brillaban tanto su padre como otro siniestro personaje al que ella se acostumbró a llamar con cariño  “El tío Klaus”. Un empresario germano (seudónimo de Klaus Barbie (1913-1991) y ex jefe de la Gestapo en Lyon, Francia) mejor conocido como el “Carnicero de Lyon”.

Klaus Barbie, cambiaría su apellido por  “Altmann” antes de involucrarse con la familia Ertl. En el estrecho círculo de personalidades en La Paz, donde este hombre ganó suficiente confianza de tal forma que, el propio padre de Mónica, fue quien lo introdujo, incluso, le consiguió su primer empleo en Bolivia como ciudadano Judío Alemán, de quien se dice asesoró dictaduras sudamericanas.

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La célebre protagonista de esta historia, se casó con otro alemán en La Paz y vivió en las minas de cobre en el norte de Chile pero, luego de diez años, su matrimonio fracasó y ella se convirtió en una política activa que apoyó causas nobles. Entre otras cosas ayudó a fundar un hogar para huérfanos en La Paz, ahora convertido en hospital.

Vivió en un mundo extremo rodeada de viejos lobos torturadores nazis. Cualquier indicio perturbador no le resultaba extraño. Sin embargo, la muerte del guerrillero argentinoErnesto Che Guevara en la selva boliviana (octubre de 1967) había significado para ella el empujón final para sus ideales. Mónica –según su hermana Beatriz– “adoraba al “Che” como si fuera un Dios”.

A raíz de esto, la relación padre e hija fue difícil por la combinación: ese fanatismo adherido a un espíritu subversivo; quizá factores detonantes que generaron una postura combativa, idealista, perseverante. Su padre fue el más sorprendido y, muy a su pesar, la echó de la granja. Quizás ese desafío produjo en él cierta metamorfosis ideológica en los años 60,hasta convertirse en colaborador y defensor indirecto de los izquierdistas en Sudamérica.

Mónica fue su hija favorita, mi padre era muy frío hacia nosotros y ella parecía ser a la única que amaba. Mi padre nació como resultado de una violación, mi abuela nunca le mostró afecto y eso lo marcó para siempre. El único afecto que mostró fue para Monika”, dijo Beatriz en una entrevista para la BBC News.

A finales de los sesenta, todo cambió con la muerte del Che Guevara, rompió con sus raíces y dio un drástico giro para entrar de lleno a la milicia empuñando el brazo con la Guerrilla de Ñancahuazú, tal como lo hiciera en vida su héroe por la desigualdad social.

Mónica dejó de ser aquella chica apasionada por la lente para convertirse en “Imilla la revolucionaria” refugiada en un campamento de las colinas bolivianas. A medida que fueron desapareciendo de la faz de la Tierra la mayor parte de sus integrantes, su dolor se trasformó en fuerza para reclamar justicia convirtiéndose en una clave operativa para el ELN.

Durante los cuatro años que permaneció recluida en el campamento escribió a su padre, solamente una vez por año, para decir textualmente; no se preocupen por mí… estoy bien. Lamentablemente, nunca más la volvió a ver; ni viva, ni muerta.

En 1971 cruza el Atlántico y vuelve a su natal Alemania, y en Hamburgo ejecuta personalmente al cónsul boliviano, el coronel Roberto Quintanilla Pereira, responsable directo del ultraje final a Guevara: la amputación de sus manos, luego de su fusilamiento en La Higuera. Con esa profanación firmó su sentencia de muerte y, desde entonces, la fiel “Imilla” se propuso una misión de alto riesgo: juró que vengaría al Che Guevara.

Después de cumplir su objetivo comenzaría una cacería que atravesó países y mares y que solo encontró su fin cuando Mónica cayó muerta en el año de 1973, en una emboscada que según algunas fuentes fidedignas le tendió su traicionero “tío” Klaus Barbie.

Después de su muerte, Hans Erlt siguió viviendo y filmando documentales en Bolivia, donde murió a la edad de 92 años (año 2000) en su granja ahora convertida en museo gracias a la ayuda de algunas instituciones de España y Bolivia. Allí permanece enterrado, acompañado de su vieja chaqueta de militar alemán, su fiel compañera de los últimos años. Su sepulcro permanece entre dos pinos y tierra de su natal Bavaria. El mismo se encargó de prepararlo y su hija Heidi de hacer sus deseos realidad. Hans había expresado en una entrevista concedida a la agencia Reuters:

No quiero regresar a mi país. Quiero, incluso muerto, quedar en esta mi tierra.

En un cementerio de La Paz, se dice que descansan “simbólicamente” los restos de Mónica Ertl. En realidad nunca le fueron entregados a su padre. Sus reclamos fueron ignorados por las autoridades a partir del hecho. Estos permanecen en algún sitio desconocido del país boliviano. Yacen en una fosa común, sin una cruz, sin un nombre, sin una Bendición de su padre.

Así fue la vida de esta mujer que en un período, al decir de la derecha fascista de aquellos años, campeaba en “el comunismo” y por ende “el terrorismo” en Europa. Para unos su nombre quedó grabado en los jardines de la memoria como guerrillera, asesina o quizá terrorista, para otros como una mujer valiente que cumplió con una misión.

En mi opinión, es el costado femenino de una revolución que luchó por las utopías de su época, y que a la luz de nuestros ojos nos obliga a reflexionar, una vez más sobre esta frase: “Jamás subestime el valor de una mujer”.

Sentinel del Norte: La isla prohíbida

Las cifras de población real se desconocen, pero se cree oscilan entre los 50 y los 400 indivíduos.
Leyendo un reportaje acerca de lugares inhóspitos y de difícil acceso, incluso para aquellos aventureros  más avezados, he descubierto un remoto lugar que me ha producido una fascinación y excitación inmediatas. Se trata de una isla salvaje (siempre tuve especial predilección por los territorios sujetos a la condición de aislamiento que ofrece la insularidad) situada en los trópicos del océano índico, o dicho de otro modo, en los confines de la tierra, si se considera el archipíelago indio de las islas Andamán como tal. Este recóndito y exótico lugar se utilizó durante décadas, aproximadamente desde 1858 hasta los albores de la Segunda Guerra Mundial, como destino penitenciario y de trabajos forzados (tala de árboles, principalmente) para todos aquellos descontentos que tenían la osadía de amotinarse contra la presencia imperial británica en la India.

Los primeros encontronazos de los casacas rojas con las tribus nativas de Andamán, (unos 10.000 individuos aproximadamente), fueron reportados cómo muy violentos, si bien fueron pacificadas e integradas con el tiempo, exceptuando aquella de nuestra isla, un pedazo de tierra habitada en el extremo occidental del archipiélago, que ha mantenido hasta el día de hoy una violabilidad cercana a cero, por parte de los embates del mundo moderno. Esto la convierte, probablemente, en la última isla aislada con población nativa salvaje que además rechaza cualquier tipo de injerencia externa… y con razón.

Nativo de Sentinel: La mueca de su rostro muestra con claridad que no somos bien recibidos…
Es conocida con el nombre de Sentinel del Norte y actualmente y desde 2005, sus habitantes gozan de una política respetuosa y no intervencionista por parte del gobierno indio, lo cual es no sólo sorprendente hoy en día, sino también elogiable. Su pequeño tamaño, apenas 72 kilómetros cuadrados, unido a sus impenetrables selvas, su díficil y arriesgada circunnavegación por culpa de los arrecifes y golpes de mar y la peligrosidad de los nativos, probablemente hayan contribuido a que durante 60.000 años, esta etnia indígena que se cree procede del continente africano, exclusivamente cazadora-recolectora, de baja estatura y piel oscura (los antropólogos los definen con el nombre de “negritos”), haya permanecido en relativa calma. No obstante esta calma ha sido en ocasiones tensa, por los incidentes registrados desde finales del siglo XIX hasta hace sólo un puñado de años. En cualquier caso, todos los intentos por civilizar (…o incivilizar…) a este pueblo, han sido en vano.
Guerreros sentineleses arrojando flechas a un helicóptero de los guardacostas indios tras la muerte de dos pescadores en enero de 2006, el último incidente fatal del que se tiene constancia.
La primera información acerca de un posible poblamiento en la isla Sentinel fue advertida en 1771 por el topógrafo británico John Ritchie, que avistó una multitud de luces que se movían desde el buque hidrográfico de la East India Company “The Diligent”. Casi 100 años después, en 1867, un funcionario local fue enviado a la zona para explorarla y en la temporada de monzones de ese mismo año, un barco mercante indio naufragó en los arrecifes, siendo los 106 pasajeros y tripulantes supervivientes, hostigados por los indígenas hasta que fueron rescatados por un navío británico. Los primeros contactos tuvieron lugar en 1880, aunque ya Marco Polo escribió acerca de los centineleses en el siglo XIII, alegando que:
 “Si un extranjero llega a sus tierras lo matan inmediatamente y acto seguido se lo comen”
Este primer contacto tuvo lugar gracias a la expedición liderada por Maurice Vidal Portman, que se internó en la espesura de la isla llevándose a dos ancianos incapacitados para caminar que se encontraron por allí y que murieron a los pocos días, así como a un grupo de niños que fueron devueltos con regalos para el resto de nativos, en un malicioso intento de seducir a la tribu, y de los que no se volvió a saber nada más. Portman, prestigioso oficial de la armada británica conocido por pacificar varias tribus andamanesas entre 1879 y 1901, fracasó pues en su intento en la isla de Sentinel.

Unos años más tarde, en 1895, se trató de establecer contacto usando como médium a un nativo de la isla que convivía con la tribu de los Onge, pero fue igualmente rechazado. Al año siguiente, en 1896, tres convictos fugados del centro penitenciario de Port Blair, arribaron a las proximidades de la isla, sin embargo dos murieron ahogados en el arrecife y el tercero fue asesinado en la playa, siendo recuperado su cadáver poco después. Es probable que esta fuga fuese el detonante de la construcción de otro recinto de máxima seguridad en Port Blair conocido como “Cellular Jail”, al tiempo que el movimiento antimperialista en India cobraba cada día más fuerza.

La segunda oleada de acoso exterior tuvo lugar en la década de los 70,  con la llegada de varias expediciones de antropólogos indios y americanos custodiados por policía armada, con objeto de fotografiar y de nuevo hacer ofrendas (pescado) a los sentineleses. En la primera ocasión, marzo de 1970, los expedicionarios fueron obsequiados con un extraño rito sexual por parte de los nativos, que se juntaron en parejas y comenzaron a copular ante la atónita mirada de los presentes, retirándose progresivamente a la espesura y desapareciendo entre los árboles. En 1974 tuvieron lugar otras 3 expediciones armadas, nutridas con documentalistas indios (Man in search of man) y fotógrafos del National Geographic, que lograron desembarcar volviendo a depositar ofrendas en la playa (entre las que se encontraba un cerdo, papel de aluminio y una muñeca). Los aborígenes, desconfiados, enterraron los presentes y les obsequiaron con una lluvia de flechas en dos ocasiones, una de las cuales el jefe de la expedición fue alcanzado en la pierna, mientras constataban como el avezado arquero se destornillaba de risa, sentado bajo un árbol, tras comprobar que su certero disparo había tenido éxito. Hasta el Rey Leopoldo III de Bélgica, un apasionado de la antropología social, quiso aventurarse un año más tarde en un acercamiento nocturno a prudencial distancia de la isla, siendo recibido, nuevamente, con hostilidad por parte de un guerrero que le amenazó con su arco.
Los restos del Primrose, al noroeste de la isla, en la actualidad.
En 1981, otro buque mercante, el primrose, encallaba en el arrecife fatalmente. Aunque la tripulación manifestó su deseo de desembarcar, el capitán, precavido, ordenó que nadie abandonase el barco. A los pocos días, un angustioso aviso de radio por parte de este mismo capitán, precipitó y adelantó la llegada del rescate:

“Hombres salvajesmás de 50 portando armas caseras, están haciendo dos o tres barcos de madera, tratarán de abordarnos al atardecer”

Efectivamente, se produjeron fuertes enfrentamientos entre la tripulación del Primrose y los indígenas, hasta la llegada de los refuerzos. Las consecuencias de este percance, se saldaron con la muerte de varios indígenas en escaramuzas con operadores de salvamento armados, que visitaron la isla tras el naufragio del Primrose.

 
 
Buque mercante Primrose en los años 80. Imagen tomada por el capitán Robert Fore.
 
La década de los 90, fue la más pródiga de esta larga lista de frustraciones, sucediéndose la entrega de comida (cocos, plátanos y demás avituallamiento) de forma pacífica, con bastante acercamiento por parte de los expedicionarios y sin hostilidades por parte de la población local. Sin embargo, y a pesar de estos tímidos avances, diversas críticas llevaron a la conclusión de que las contínuas interferencias y la sola presencia de los investigadores, podía alterar significativamente el objeto de estudio, además de crear una peligrosa dependencia del exterior por la constante entrega de alimentos, por lo que se decidió desistir.
Finalmente, y como colofón al culebrón de esta peculiar isla, el 26 de enero de 2006, dos pescadores de cangrejos que faenaban de forma ilegal en la zona, Sunder Raj y Pandit Tiwari, de 48 y 52 años respectivamente, se quedaron dormidos, probablemente alcoholizados, a bordo de su barca, que mal anclada, terminó varando en la orilla. A pesar del esfuerzo de otros compañeros que les gritaban en la lontananza para advertirles del peligro que corrían, estos no se percataron y fueron interceptados y asesinados por los sentineleses, que les semi-enterraron en la arena. Un helicóptero de la policía trató de aterrizar para recuperar los cuerpos, pero hubo de desistir dada la agresividad de los moradores y la lluvia de flechas habitual.
La barca de los dos desafortunados pescadores, tomada por los aborígenes
Particularmente, y en un mundo que agoniza, siento envidia y un gran respeto hacía estas tríbus indígenas, y me sugiere una total y completa indiferencia el hecho de que sean caníbales analfabetos. Porque seguro que si han podido y sabido mantenerse en tan pequeño territorio durante sesenta milenios, es porque han alcanzado un equilibrio sostenible con el entorno digno de admiración y es más que comprensible que no quieran saber nada de las endemoniadas y perniciosas actividades del hombre moderno. Es probable que si tuviesen información detallada de lo que sucede en el mundo o el estado ambientalmente deplorable en el que se encuentra el cercano subcontinente indio, se adentrarían en los más profundo de la isla, presas del terror, a construir búnkeres de tierra o plazas fortificadas para defenderse del horroroso mundo exterior, o tal vez su isla, su cultura y su historia decidiesen que es mejor dejarse engullir en las profundidades del Golfo de Bengala para no emerger nunca más.

Por otra parte, resulta reconfortante el saber que todavía quedan comunidades de hombres libres en algunos rincones del planeta y que la tierra es lo suficientemente grande para dar todavía cobijo a aquellos que no quieren saber nada del  enfermizo e ignominioso capitalismo actual, en clara fase terminal.

El cautiverio de Cabrera,el guantánamo Español

De 1809 a 1814, unos 11.200 prisioneros de guerra delejército napoleónico fueron olvidados en el infierno de la isla de Cabrera en uno de los episodios más negros y menos conocidos de la historia de nuestro país. Miles de personas fueron encerradas hasta morir en una pequeña isla sin nada qué comer y apenas agua dulce, una cárcel sin vallas porque entre los acantilados y las corrientes no eran necesarias. Al final quedaron unos poco más de 4.000 esqueletos vivientes que a su regreso a Francia contribuyeron, muy a su pesar, a aumentar la famosa leyenda negra sobre España; muchas veces, como en ésta ocasión, ganada a pulso. Un episodio que fue nuestro Guantánamo. Por cierto (paréntesis): se cumplen 10 años desde que Bush abriera dicho campo y 3 años 3 desde que Obama, que prometió cerrarlo inmediatamente, está en la presidencia de Estados Unidos.

Volvamos a Cabrera. En honor a la verdad las responsabilidades de este triste episodio habría que compartirlas con las autoridades francesas, que se desentendieron de sus compatriotas, y con los ingleses, que presionaron para que no se llegara a ninguna solución. Lo de los ingleses, que siempre se van de rositas en la historia, es motivo de estudio profundo. ¿A quién se le ocurrió que la historia de Europa la escribieran ellos? De todas maneras éste no es el tema y no  pretendo con ello eludir la culpa en la tragedia de las autoridades españolas del momento, todo lo contrario.

El 19 de julio de 1808, en Bailén (Jaén) un ejército de soldados españoles mal equipados y poco adiestrados asombraron al mundo, el mito de la invencibilidad de Napoleón en batalla campal se había roto. Los 14.000 soldados españoles al mando de Castaños derrotaron a unos 10.600 franceses comandados por Dupont, que aún hoy se debe estar diciendo, allá donde esté, Oh mon Dieu, comment il est passé ça? El comandante español, general Castaños, se debe debe estar preguntando exactamente lo mismo.

Lo de Bailén lo comento porque es el inicio de la historia, no la historia de hoy, que no trata de victorias heroicas, de gloria a base de sangre y mierda. La de hoy no tiene gloria, sólo sangre y mierda. Aunque oficialmente se inician en lasegunda guerra anglo-bóer (1899-1902), el cautiverio francés en la isla balear se puede considerar uno de los primeros campos de prisioneros de la historia (el primero abajo, en el comentario).

La rendición de Bailén (José Casado de Alisal, 1864)

Como decía al principio, de unos 12.000 solo 3.000 consiguieron sobrevivir a su cautiverio, aunque las cifras no son fiables porque durante los 5 años de horror la población no fue estable, hubo nuevas entradas de prisioneros, a otros les ofrecieron salir alistándose en el ejército español o británico (hecho que aceptaron sobre todo los combatientes napoleónicos no franceses: había alemanes, polacos,italianos, holandeses y otros) y otros, pocos, pudieron escapar. El contingente también incluía a algunas mujeres, hecho habitual en los ejércitos desde siempre, que hacían las labores de cocineras, cantineras, prostitutas y que acompañaban a sus maridos -sobre todo oficiales- durante las campañas. Mujeres acostumbradas a las más duras condiciones pero que no imaginaban, nadie podría, el grado de sufrimiento que les deparaba la pequeña isla balear. Entre las cautivas de cabrera las cifras varían mucho, entre 3 y 30.

Al infierno con escala en Cádiz

Las penalidades de los franceses empezaron antes de llegar a Cabrera. En su contra tenían que estaban en el momento y lugar equivocados. Esos mismos soldados habían sido los responsables del atroz saqueo de Córdoba y de otras localidades andaluzas, por lo que el ambiente no estaba para modales versallescos. Por otro lado, España en ese momento no estaba ni preparada para enfrentarse al ejército francés ni, mucho menos, para ocuparse de un contingente tan numeroso de presos fruto de una victoria inesperada. Por último, los franceses tenían en contra la natural predisposición de la gente de éstas tierras a la crueldad contra animales y personas y a la histórica incompetencia de sus gobernantes; porque, por pocos recursos que hubiera, se podía haber encontrado una solución mejor.

El primer destino de los prisioneros fue el puerto de Cádiz. Como no sabían donde meterlos los recluyeron en pontones(barcos prisión), en cinco viejos barcos ‘retirados’, entre ellos ‘El Argonauta’ que había participado en la batalla de Trafalgar. Unas 14.000 personas en un lugar donde como máximo cabían 6.000. La altura entre puentes no era más de metro y medio, por lo que se hacía difícil estar de pie. Háganse el cuadro: Cádiz, verano, calor y humedad. Vivían entre sus propias heces, ratas y basura. Piojos, chinches, escorbuto, disentería. Recibían agua potable cada cuatro días, cocían sus correajes de cuero para hacer caldo. Cada dos días morían entre 30 y 40 personas en aquellos barcos.

El problema era tan grave en Cádiz que se decide quitárselo de encima de la peor manera: llevarlos en barco a Cabrera y allí, literalmente, abandonarlos a su suerte. Cuando, durante el cautiverio, los franceses reclaman desesperadamente una ayuda, la respuesta de las autoridades fue enviar a un sacerdote, Damián Estelrich, para que se ocupara de sus almas. Una crueldad muy nuestra.

Uno de los pocos restos que quedan en Cabrera

Cabrera

Como su propio nombre indica, la isla era solo apta para las cabras. Un pedazo de tierra sin apenas vegetación, sin comida y muy escasa agua: tenían que hacer horas de cola para beber apenas un cuenco.

Las provisiones desde Mallorca llegaban cada cuatro días (básicamente pan y habas) y eran totalmente insuficientes para un contingente tan numeroso. Además, cuando había un temporal o cualquier otra causa de retraso (nunca hemos sido alemanes) el suministro simplemente se interrumpía. Al principio no faltaron desaprensivos que comerciaron con los franceses; al final éstos no tenían ni sus ropas para intercambiar, así que el abandono fue total.

Los presos franceses, como buenos soldados, intentaron organizarse sin oficiales, porque ellos se libraron de Cabrera; por esas casualidades de las guerras, las papeletas del infierno suelen tocar siempre entre la tropa. Algunos construyeron pequeñas cabañas de adobe y piedra a las que llamaron Napoleonville, la única población que ha tenido la isla en su historia. También construyeron un pequeño lugar de reunión llamado, en el más puro sentido del humor militar,Palais Royal.

Representación, se me antoja que un tanto romántica, de Napoleonville

Se crea en la isla un capitalismo primitivo. El bien más preciado eran las ratas (se formaron granjas) y la unidad de moneda las habas. Un ratón de campo pequeño valía cinco habas, una buena rata pata negra, 26. También se comerciaba con lo que se podía pescar y, cómo no, las mujeres fueron moneda de cambio.

Robinsones y tártaros

No todos los prisioneros se sometieron a la disciplina militar ni mantuvieron la nueva estructura social. Mientras unos vivían en Napoleonville, otros decidieron montárselo por su cuenta. Se formaron, al margen de la improvisada población, otros dos grupos.

Unos, llamados los robinsones, vivían en las montañas. Solo bajaban al puerto a recibir su ración de comida, cuando había suerte, y luego se volvían a la montaña. Supongo que ya habían tenido suficiente civilización para una vida.

Un tercer grupo, los tártaros, constituían el escalón más bajo de la pirámide social cabretense. Era gente que había cometido algún delito, asesinatos o que sufrían perturbaciones mentales y que, rechazados por sus compañeros, vivían en cuevas en estado semisalvaje.

En los momentos más duros apareció la desesperación y el deseo de supervivencia por encima de todo. Se atestiguan casos de coprofagia y canibalismo. Un superviviente contó el caso de un lancero polaco que mató a un soldado francés para robarle y que, una vez muerto, le sacó el hígado y enterró el resto del cuerpo. Volvió junto a sus compañeros, cocinó el hígado y luego confesó su crimen. Fue llevado a Mallorca y fusilado, así que al final logró huir de la isla.

Otro de los restos que quedan en la isla de aquel horror

Hacia el final del cautiverio las autoridades empezaron a reaccionar y los enfermos más graves eran llevados a hospitales mallorquines. Una vez curados eran devueltos a la isla, con lo que se corrió la voz del buen trato en Mallorca y aumentaron las heridas y amputaciones autoinfringidas para conseguir la misma suerte. Ante el aluvión de casos, las autoridades baleares finalizaron los traslados.

Un último guiño cruel

Para los supervivientes el cielo se abrió cuando en 1814 se firmó la paz que acabó con la Guerra de la Independencia. Un barco francés llegó a rescatarlos y ellos, entre liberados y tal vez avergonzados, lo quemaron todo; de su paso por allí solo quedaron restos de objetos de metal, vasijas y botones. Hoy en Cabrera se levanta en su honor un obelisco de unos siete metros de altura en cuyo interior una cripta contiene, a modo de muestra, despojos y huesos.

Su llegada a los puertos de Marsella y Tolón supuso una conmoción en ambas localidades: eran muertos vivientes que, como decía al principio, aumentaron la leyenda negra de España. Pero eso fue tiempo después, porque a los presos de Cabrera la política les deparaba un último guiño cruel. Cuando volvieron a Francia no lo hicieron como héroes sino como sospechosos. Eran soldados republicanos olvidados en un país que volvía a ser monárquico. Una vez más, no le interesaban a nadie.